jueves, 8 de septiembre de 2011

Indignación Express. Capítulos I y II

 José Manuel Domínguez Soriano, el jueves, 08 de septiembre de 2011 a las 22:08

Aunque sea algo tarde, normalmente suelo escribir este tipo de cosas nada más saltar de la cama. Sin embargo hoy lo hago un poco más tarde pero estoy y, además os vais a entrtener.
Aquí estoy, en esta ocasión, para relatar una serie de acontecimientos (al final se han quedado en dos, de momento) que  no sé si tildar de extraños porque hay quienes opinan que el extraño o rarito soy yo. Juzgad vosotros mismos.
Son las 8.00 horas. Como cada mañana salgo de 'caminata rehabilitadora' siguiendo las instrucciones de mis médicos. Una hora después, hago un alto en el camino para acercarme al Centro de Salud de San Luis de Sabinillas donde ya tengo asignado médico en calidad de paciente 'desplazado'. Me dirijo al funcionario encargado de las citas y le comento la necesidad de que me sean recetados dos fármacos antihipertensión que se me han acabado. "Lo siento pero su médico hoy no tiene consulta", me asegura y casi sentenciando, con tal afirmación, que nadie me recetará a pesar de que la no administración de estos fármacos, aunque sólo sea por un día, puede tener 'sus' consecuencias teniendo en cuenta mi patología.
"¿Y el Médico de urgencia?", le pregunto. Y responde: "Aquí no tenemos urgencias". Yo sabía de esa carencia los fines de semana pero no a diario, y  no creo que los ciudadanos de Manilva y los numerosos turistas de la zona se merezcan tan precaria asistencia sanitaria por parte del Gobierno Griñán.
Bien, volviendo al encuentro con el funcionario del Centro de Salud, y ya resignado hasta ver a mi médico (hoy, por fin), le comento si alguna enfermera me puede tomar la tensión. Me da cita con una de ellas para media hora después. Llega el momento y la sanitaria 'canta' mi nombre desde su consulta. Entro y le digo que necesito que me tome la tensión."Yo no estoy aquí para tomar la tensión", se descuelga, así de fresca.  Me quedo perplejo porque me han dado cita para tal fin. Evidentemente flipado  le pregunto si alguna limpiadora del Centro podrá atenderme. Mi reacción no le gusta, claro, pero yo insisto: "si usted es EN-FER-ME-RA cómo es posible que no me quiera tomar la tensión", insisto. Muy a regañadientes accede y me la toma. Lo sorprendente es que tenía los niveles perfectamente a pesar de tan extravagante vivencia.

UNA DE CHINOS
Me acerco a un supermercado cercano al domicilio de unos amigos regentado por un matrimonio chino. Cojo cervezas de la nevera que, en las estanterías de la tienda están marcadas al precio de 40 céntimos de euro. Sin embargo, la chica, en caja, pretende cobrarme 60 por unidad porque según el criterio del establecimiento, "las cervezas frías son más caras" (un 50% más). Evidentemente le informo de que está perpetrando una ilegalidad y que puede ser denunciada. Pues bien, no solamente no admite mi observación sino que se indigna y monta un pollo. No quiero problemas y me largo, lógicamente, sin las cervezas. ¿Cómo llamamos a este impuesto inventado por este par de listos, tal vez ¿'el plus frigoría'?. Vamos que los orientales están consiguiendo que sus 'amables' clientes le paguen el consumo de energía eléctrica de su local por todo el morro. Debería denunciarles pero tengo que relajarme por el bien de mi salud.
Como estas dos secuencias indignantes, cada día me encuentro con muchas. En el Banco, en grandes almacenes, en la telefonía móvil, con las compañías de seguro, etc, etc,etc...Os las cuento otro día. ¿A vosotros no os pasan cosas así? ¿Os importa que esté sucediendo todo ésto y más?. ¿Tengo derecho a indignarme o soy un rarito?

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